miércoles, 8 de enero de 2014

Antecedentes

Estudié Biología porque quería conocer “todo lo que existía sin ayuda del hombre”, intentando acercarme a lo más fundamental de la existencia materialmente visible.  Mi segunda y tercera opciones de estudios eran Psicología y Filosofía.  Después de muchos años de estudio y experiencia profesional, fui concluyendo que es el ser humano quién decide sobre los recursos naturales, muchas veces para su detrimento.  Esto nos ha llevado a un estado ambiental crítico.  Sorprendentemente, el ser humano se ve directamente afectado por el deterioro ambiental, y de formas no sutiles.  

¿Por qué entonces continúa la trayectoria de “progreso” y consumo sin darnos cuenta de que esto no es en absoluto aquello, sino un camino que se va angostando hasta que las opciones sean tan reducidas que las decisiones sean forzadas?, me preguntaba.  Mi  inquietud por la Psicología tomaba fuerza.  Era mi deseo comprender qué hay detrás de la actitud “deshumanizada” (¿o acaso la más humanizada?): las de destrucción y abuso hacia las plantas, los animales, y aún las que consideramos no vivas: el agua, el aire.  ¿Qué sucede con los seres humanos para que deseen conquistar, controlar, modificar, destruir?  ¿De dónde viene esto?, ¿por qué nos comportamos así sin importar nacionalidad, cultura, etc.?  ¿Qué sucede con aquellos grupos humanos que viven en armonía con su entorno natural?

Todas estas preguntas me hacía y mi conclusión era que únicamente desde la Psicología podría comprender cómo el ser humano se relacionaba con el ambiente, con otros seres humanos, y con él mismo. Decidí entonces dejar la Biología por un tiempo y explorar la Psicología.  Después de muchos años de poner mi atención en el exterior, empecé a ponerla en el interior, con énfasis.  ¿Por qué soy como soy?, ¿por qué reacciono de diversas formas ante la vida, ante los demás?

Las lecturas relacionadas con el tema de la Psicología y la tan satanizada autoayuda empezaron a interesarme mucho, e inicié un proceso de desdoblamiento y autoconocimiento que ha durado los últimos 3 años (incluyendo depresión durante 1 año).  En este tiempo pude identificar que en mí la herida de humillación era la principal, y mi máscara era la del masoquista (sensu Lise Bourbeau, “Las 5 heridas que impiden ser uno mismo”, Ed. Diana), con un miedo terrible a la libertad y alta dificultad para decir “no”, entre muchas cosas más.  Esto me llevó a observar y cuestionar todas mis decisiones y mi manera de ser.   

Me enteré del Diplomado en Terapia Psicocorporal.  Al leer la definición y objetivos del diplomado, me pareció que era algo muy parecido a lo que yo estaba buscando.  Fue así como se inició mi incursión en un ejercicio de tipo psicológico-corporal.

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