Asistí al 4° módulo del diplomado. Durante el ejercicio dónde debíamos actuar la
situación en que vivimos rechazo (yo nombré el rompimiento reciente de una
amistad que me era muy preciada), no logré contactar con ninguna emoción,
estaba como zombie. La facilitadora en ese momento me indicó “salte de la
máscara”, lo cual me sorprendió pues no pensé que uno pudiera “estar dentro de
ella” y salirse a voluntad. Lo cierto es que yo no sabía en ese momento que estaba dentro de la máscara o cómo salirme, todavía la vivía subconscientemente. Su tono de
reproche también me irritó. Sin embargo
en estos momentos de irritación pude notar cómo en mí se encendía una sensación
de victimismo, como si me estuvieran maltratando y yo estuviera indefensa. Esta sensación es muy profunda y no la vivo
con regularidad. Lo que sí vivo con regularidad es el rechazo a personas que
pretenden ser las víctimas. Un reflejo
de mi propia reacción. Más tarde descubí por qué me irritaba tanto que otros se presentaran como víctimas. Fue a través del ejercicio de la herida de abandono.
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